Preloader

LA MEDALLA SE GANA

La mayoría de “conces” moteras funcionan de una manera muy parecida: llegas, formalizas la inscripción y recibes la bolsa de bienvenida que contiene el recuerdo del evento o la medalla conmemorativa.

Carlos Verduras, fundador de Estrella de Javalambre, decidió hacer las cosas de otra manera.

La idea procede directamente de la Stella Alpina italiana, una de las reuniones libres más míticas de Europa y verdadera fuente de inspiración del evento. Allí, si nos ponemos puristas, también basta con aparecer por la concentración, formalizar la inscripción y recibir la bolsa con la medalla, con la salvedad de que la reunión se celebra a varios miles de metros de altitud y, para poder inscribirse en ella, primero hay que llegar hasta arriba por una pista en donde el pavimento, ni está ni se le espera. Así que, como decíamos, si vamos a la esencia, la mecánica es la misma que en cualquier “conce”, pero a la vez hay una realidad innegable tras ese enclave donde se celebra, y es que la recompensa llega después de un esfuerzo.

La Estrella de Javalambre heredó directamente esa misma filosofía y la adaptó a las montañas de Teruel.

Aquí la inscripción se realiza en Manzanera, pero la medalla no se entrega en ese momento. Para recogerla hay que completar el último tramo del viaje y ascender por la pista forestal del Pico Javalambre hasta el punto donde espera la organización.

Puede parecer una diferencia pequeña, pero en realidad lo cambia todo.

La medalla deja de ser un simple recuerdo para convertirse en la recompensa. En la prueba de que el objetivo se ha cumplido. La pista deja de ser un mero camino para transformarse en parte de la experiencia. Y la llegada a la cima deja de ser un desplazamiento más para convertirse en el momento que da sentido a todo lo anterior.

Por eso la filosofía del evento apenas ha cambiado desde 1986.

No porque exista una resistencia al cambio, sino porque el concepto sigue funcionando exactamente igual que entonces.

Las motos han cambiado. Los neumáticos han cambiado. La ropa de invierno ha cambiado. Incluso la forma de viajar ha cambiado. Sin embargo, la sensación de alcanzar la cima después de recorrer cientos de kilómetros sigue siendo exactamente la misma.

Y quizás ahí resida el secreto de la Estrella.

No en la concentración. No en la medalla. Ni siquiera en la montaña.

La medalla es la prueba tangible de un hecho, y es que existe un objetivo. Algo que obliga a levantarse de la silla, arrancar la moto y recorrer cientos de kilómetros para llegar hasta allí. Algo que empuja a continuar cuando hace frío, cuando llueve o cuando quedarse en casa parece una alternativa mucho más sensata.

Por eso la subida a la pista sigue teniendo hoy el mismo sentido que tenía en 1986. Porque convierte un fin de semana entre amigos en una pequeña aventura. Porque añade un reto que, por modesto que sea, recuerda que las mejores historias rara vez suceden sin esfuerzo y sin buena compañía.

Y porque, al final, todos sabemos que la verdadera recompensa nunca es material. Nunca es un objeto, sino todo lo que hemos hecho para conseguirlo.

La medalla, entonces, es simplemente un trozo de metal que nos permite iniciar una buena conversación entre amigos cuando alguien viene a casa, la ve colgada en el corcho y nos pregunta qué son todas esas estrellas juntas. ¿Quién sabe? Quizá gracias a esa conversación también podamos mostrarle una imagen diferente del mundo de la moto a alguien que no lo conoce o que únicamente ha escuchado los tópicos y estereotipos que algunos se empeñan en adjudicarnos.

Si lo pensamos bien, esa es también la auténtica filosofía de la Estrella de Javalambre y, muy posiblemente, de la Stella Alpina. Reunir personas alrededor de una pasión común. Compartir experiencias, kilómetros y recuerdos. Crear amistades donde antes había desconocidos y descubrir que detrás de las motos hay una realidad que rara vez aparece en los tópicos: personas completamente diferentes entre sí, unidas por una pasión común.

Al fin y al cabo, las motos nunca han sido el fin. Siempre han sido la excusa.