
Para entender qué es la Estrella de Javalambre hay que viajar unos cuantos kilómetros hacia el este. Concretamente, hasta los Alpes italianos.
Allí se celebra desde hace décadas la Stella Alpina, una de las reuniones moteras más míticas y auténticas de Europa, creada por Mario Artuso, a quien podéis ver bajo estas líneas junto a su padre.
Su planteamiento era tan sencillo como fascinante: para conseguir la medalla conmemorativa no bastaba con inscribirse. Había que subir a buscarla.
A mediados de los años 80, un grupo de amigos para quienes la aventura era una forma de entender la vida decidió que España merecía algo parecido. Eran los integrantes del Grupo Moto Aventura (GMA) de Utiel, con Carlos Verduras al frente del mismo, que habían conocido la Stella Alpina gracias a José Codina, entonces responsable de la sección Solo Ruta de la revista Solo Moto.
Su intención era crear una reunión inspirada en el espíritu de la concentración italiana, pero también rendir homenaje a otro de los grandes referentes del motociclismo invernal europeo:
la legendaria Elefantentreffen alemana. De la mezcla de ambas influencias nacería la Estrella de Javalambre.
Corría el año 1986. Desde el principio quedó claro que aquello era algo especial. La combinación de aventura, invierno, montaña y autenticidad conectó rápidamente con muchos motoristas. A ello contribuyeron de forma decisiva las tierras turolenses y la elección de Manzanera como punto de encuentro.
No era precisamente el lugar más cómodo al que viajar durante el último fin de semana de enero, y ese era precisamente uno de sus encantos. Quien llegaba hasta allí en pleno invierno lo hacía porque realmente quería estar allí.
Durante los años siguientes, el Grupo Moto Aventura de Utiel fue consolidando el evento y convirtiéndolo en una referencia dentro del motociclismo rutero español. Como ocurre con cualquier proyecto de largo recorrido, hubo momentos mejores y peores, etapas sencillas y otras mucho más complicadas, pero la concentración consiguió mantenerse fiel a unas ideas que la habían hecho diferente desde el primer día.
Sin embargo, a finales de los años 90 llegó un momento difícil.
Tras muchos años de trabajo, el Grupo Moto Aventura tuvo que dejar de organizar el evento. La Estrella se quedó sin organizador y durante un año no pudo celebrarse.
Parecía el final, pero afortunadamente no lo fue.
Cuando se confirmó que la Estrella no tendría continuidad en el año 2000, la noticia cayó como un jarro de agua fría entre muchos de sus habituales. Entre ellos estaba Pedro Flores (Peter Blue, para los amigos), que al frente del Moto Club Zona Estival (MCZE) de Salou, llevaba más de 10 años (desde la cuarta edición, concretamente) peregrinando hasta Manzanera y teniendo la Estrella de Javalambre ya marcada en su calendario como una cita absolutamente imprescindible.
Resignarse y quedarse en casa nunca fue una opción. Así que, junto a varias personas de su entorno, decidieron organizar por su cuenta una especie de “concentración privada”, por definirlo de alguna manera, y reprodujeron lo que debería haber sido aquel fin de semana que en realidad no fue, a modo de homenaje a aquella reunión que parecía haber desaparecido para siempre. No se trataba de recuperar oficialmente la concentración ni de ocupar el lugar de nadie. Tan solo querían mantener viva, aunque fuera de forma íntima, una tradición que significaba mucho para ellos. Aquella improvisada expedición reunió a una veintena larga de amigos y conocidos.
Una circunstancia inesperada hizo además que la aventura adquiriera un carácter todavía más singular, pues al no encontrar alojamiento en Manzanera, el grupo terminó estableciendo su base en Camarena de la Sierra, situada en la vertiente opuesta del pico Javalambre y considerada históricamente “la gran rival” de la localidad donde había nacido la concentración.
Desde allí ascendieron hasta la montaña por una ruta distinta a la habitual y entregaron un sencillo diploma conmemorativo que simbolizaba aquello que realmente habían ido a buscar, el espíritu de la Estrella. La reunión terminó como había empezado, sin más pretensión que disfrutar de un fin de semana entre amigos y rendir homenaje a un evento que consideraban irremplazable.
Sin embargo, ocurrió algo inesperado.
Pocas semanas después, Peter recibe una llamada de Rubén Cervera. En palabras del propio Peter: “histórico vecino de Manzanera y responsable del camping -de Manzanera- en aquellos años”. La noticia de aquella peculiar «Estrella de Javalambre privada» celebrada desde la “vertiente rival” había llegado hasta el pueblo de Manzanera, causando una mezcla de sorpresa y admiración. Lejos de pasar desapercibida, había servido para demostrar hasta qué punto seguía existiendo interés por mantener viva la concentración (por aquel entonces, todavía Reunión Libre).
Durante aquella conversación, Rubén le trasladó una propuesta inesperada. Había hablado con Carlos Verduras y ambos tenían claro que la Estrella seguía despertando pasión y todavía merecía una oportunidad. Peter no era ningún desconocido para ellos. Llevaban años coincidiendo en la concentración, compartiendo conversaciones, ideas y kilómetros, y conocían perfectamente la implicación que siempre había demostrado con el evento. Aquella peculiar «Estrella privada» organizada cuando todo parecía haber terminado no hizo más que poner de manifiesto algo que ya sabían desde hacía tiempo. Si alguien estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantener viva la Estrella de Javalambre, sin duda era Peter.
Años después, Peter todavía narra esta parte de su historia reviviendo la mezcla de sorpresa, responsabilidad e ilusión con la que recibió aquella propuesta, pues lo que había comenzado como una sencilla iniciativa privada para homenajear a una concentración desaparecida acabó convirtiéndose en el inicio de una nueva etapa para la Estrella de Javalambre.
Y así fue como, gracias al interés del pueblo de Manzanera por mantener vivo el evento y al apoyo de Carlos Verduras, alma mater del Grupo Moto Aventura Utiel, el Moto Club Zona Estival asumió el reto de tomar el relevo organizativo, con Peter al frente, organizando oficialmente el evento por primera vez en el año 2001.
Durante los siguientes años, el MCZE organiza cuatro ediciones consecutivas, consolidando esta nueva etapa hasta llegar a 2004, momento en el que aparece en la cronología del evento un nuevo paréntesis de dos años sin organización, uno de ellos motivado por la asistencia del club al 50 aniversario de la Elefantentreffen.
Pero en 2007 la Estrella volvió, y lo hizo para quedarse.
Desde entonces, el Moto Club Zona Estival ha mantenido intactas las líneas maestras del evento. Han cambiado muchas cosas a su alrededor, pero el concepto fundamental sigue siendo exactamente el mismo que inspiró aquella primera edición de 1986.
Especialmente una. «La medalla no se entrega, se gana.»
Por eso, todavía hoy, quienes participan deben subir por la pista forestal del Pico Javalambre para ir a buscarla. Una imagen que se ha convertido en la gran seña de identidad de la concentración y que cada año reúne motos de todos los estilos imaginables.
Y cuando decimos de todos los estilos, es exactamente eso. De todos.
Los años fueron pasando y la concentración siguió creciendo y atrayendo a nuevas personas al entorno de la organización. Fue en 2016 cuando, durante una visita al salón MotoOh! de Barcelona, se produjo un encuentro tan casual como improbable entre Peter, que disfrutaba de su visita al evento, y Jairo, que lo cubría como fotógrafo para la revista MotoTaller, en la que trabajaba.
Se dio así una conversación que acabó girando, como no podía ser de otra manera, alrededor de las motos. Pero acabó derivando hacia una concentración que, hasta ese momento, resultaba completamente desconocida para él: la Estrella de Javalambre.
Aquella conversación fue el principio de una relación que se consolidó durante los meses siguientes y que acabó transformándose en una propuesta inesperada: incorporarse como fotógrafo oficial de la Estrella.
Así, en 2017, pasó a formar parte de la organización y desde entonces no ha faltado a una sola edición.
Desde el regreso de 2007, la Estrella solo ha faltado a una cita. Fue en 2021, como consecuencia de la pandemia de COVID-19. Curiosamente, al celebrarse siempre a finales de enero, la concentración consiguió salvar la edición de 2020 por apenas unas semanas antes de que el mundo cambiara.
A partir de ese momento comenzó una nueva etapa de crecimiento.
La reputación acumulada durante décadas, el atractivo de su formato y unas condiciones meteorológicas cada vez más benignas para viajar en moto durante el invierno hicieron que el número de participantes creciera hasta cifras que habrían parecido impensables años atrás.
499 participantes en 2022.
468 participantes en 2023.
510 participantes en 2024.
Precisamente en la edición de 2024 llegó también una noticia que muchos sabían que algún día tendría que llegar.
Tras más de dos décadas al frente del evento, el Moto Club Zona Estival anunció que la edición de 2025 sería la última organizada por el club.
Habían sido muchos años.
Muchos kilómetros.
Mucho trabajo.
Y también muchas satisfacciones.
La noticia no pilló completamente por sorpresa a quienes formaban parte de la organización. Desde hacía tiempo eran conocidas las intenciones de Peter de poner fin a una etapa extraordinaria, aunque eso no hacía más sencilla una pregunta que aparecía inevitablemente una y otra vez:
¿Y después qué?
De hecho, una de las veces que surgió esa cuestión fue durante una conversación informal, con los codos apoyados en la barra del Pub La Cava, sede del Moto Club Zona Estival de Salou y, por supuesto, nadie imaginaba que aquella charla acabaría teniendo tantas consecuencias.
La pregunta fue muy sencilla:
«¿Y cuando lo dejes… qué va a pasar? ¿Qué será de la Estrella?»
Entre las diferentes posibilidades que surgieron durante aquella conversación, Peter lanzó una respuesta que entonces fue interpretada como una simple broma:
«Pues quédate tú con ella, si quieres.»
La frase quedó ahí. O, al menos, eso parecía. Porque durante los dos años siguientes siguió dando vueltas en la cabeza de Jairo.
Mientras tanto, se estudiaron diferentes alternativas para garantizar la continuidad del evento. Algunas llegaron a estar muy cerca de convertirse en realidad. Sin embargo, ninguna terminó cuajando. Incluso la opción que parecía ser la más convincente acabó renunciando a última hora.
Fue entonces, tras finalizar la XXXIV edición (2024) cuando decidió contarle a Peter algo que hasta ese momento nunca le había dicho. Aquella frase que para él había sido casi una ocurrencia improvisada llevaba dos años acompañándolo.
También le explicó algo igualmente importante: después de hablar con el resto de integrantes de la organización, tod@s le habían mostrado su apoyo para asumir el reto.
La respuesta de Peter fue tan sencilla como decisiva (aunque no por ello la recibió sin sorpresa y cierto punto de incredulidad, hablando en el mejor de los sentidos).
Le dijo que adelante, y que tendría todo su apoyo.
Sin buscarlo, la historia parecía estar reescribiéndose con el mismo guión. Veinticinco años antes había sido Peter quien recibió el apoyo de quienes le precedieron para mantener viva la Estrella. Ahora era él quien tendía la mano a quienes se disponían a asumir el mismo reto.
Pero había un problema evidente. Jairo tampoco se veía capaz de asumir semejante responsabilidad en solitario. Así que al regresar a casa y compartir la situación, dos personas dieron un paso al frente de forma inmediata: su pareja y Laura, una amiga que ya formaba parte de la organización desde hacía años (muchos la conocéis como ICE, sobrenombre otorgado por Peter en la primera edición en la que ella participó).
Ambas le dijeron exactamente lo que necesitaba escuchar. Que no tendría que hacerlo solo y que, si el proyecto seguía adelante, las responsabilidades serían compartidas a partes iguales.
Por eso, desde la clausura de la XXXV edición, en 2025, la Estrella de Javalambre está dirigida por Laura, Laia y Jairo, que con el apoyo de una parte del equipo anterior de la organización, y también de Peter, asume el enorme reto de dar continuidad a una historia que comenzó en 1986 y que ha sido construida por muchas personas durante casi cuatro décadas.
Su objetivo es sencillo:
Conservar intacto aquello que hizo especial a la Estrella desde el primer día y garantizar que las generaciones futuras puedan seguir viviendo la misma experiencia que enamoró a quienes nos precedieron.
Y es que, al fin y al cabo, la Estrella de Javalambre nunca ha sido únicamente una concentración.
Es una historia que empezó en los Alpes italianos, continuó en las montañas de Teruel y ha terminado formando parte de la vida de miles de motoristas.
Una historia que sigue escribiéndose cada último fin de semana completo de enero y que, para entenderla de verdad, no basta con leer. Hay cosas ningún texto puede explicar.
Hay que venir. Hay que verla. Hay que vivirla. Y, sobre todo, hay que subir a por la medalla.
Hay medallas, carteles y fotografías que cuentan nuestra historia. Pero la verdadera Estrella la forman quienes han decidido recorrerla con nosotros, ya sea sobre una moto, desde una empresa colaboradora o trabajando para que cada edición siga siendo posible.
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